La regla del 4 %, y de dónde sale realmente
Cuando alguien dice que necesita «veinticinco veces sus gastos anuales», está aplicando la regla del 4 %. Son la misma cuenta: retirar un 4 % al año es dividir entre 0,04, y dividir entre 0,04 es multiplicar por veinticinco. Con 2.000 € de gasto al mes son 24.000 € al año, y el objetivo sale de 600.000 €.
Ese 4 % no es una ley económica. Sale de un trabajo de William Bengen de 1994 y del llamado Trinity Study, que se preguntaron cuánto se podía retirar cada año de una cartera de acciones y bonos —ajustando la retirada por inflación— sin quedarse sin dinero. Recorrieron todos los periodos históricos del mercado estadounidense y buscaron la tasa que sobrevivía a casi todos, incluidos los que empezaban justo antes de un desplome. Salió el 4 %.
Eso es lo que es, y conviene saber lo que no es. Son datos de un solo mercado y de un siglo concreto. El horizonte que probaron era de treinta años, no de cincuenta: quien deja de trabajar a los cuarenta y cinco tiene por delante bastante más. Y las carteras que aguantaban llevaban una proporción de renta variable que no todo el mundo soporta ver caer.
Por eso aquí la tasa de retirada se puede editar, y no es un detalle. Bajarla del 4 % al 3 % sube el objetivo de 600.000 € a 800.000 €. Un punto en un supuesto son doscientos mil euros de patrimonio: es de los supuestos que más mueven el resultado y el que más gente copia sin mirarlo.
Por qué proyectar sin descontar la inflación sale optimista
Aquí es donde casi todas las calculadoras del mercado hacen la misma cuenta mal, y es un error tan fácil de cometer que cuesta verlo.
Tú fijas el objetivo pensando en lo que gastas hoy: 2.000 € al mes, 600.000 € de patrimonio. Son euros de hoy. Y luego proyectas tu ahorro con la rentabilidad nominal, un 7 %, que son euros del futuro. Al cruzar las dos cosas estás comparando dos unidades distintas, como sumar metros y pies.
Con los valores por defecto de esta página, la cuenta mezclada dice 17,1 años. La cuenta coherente —descontando la inflación de la rentabilidad, un 2,5 % que deja la rentabilidad real en 4,39 %— dice 22,0 años. La diferencia son 4,9 años de tu vida, y no está en ningún sitio: está en las unidades.
Lo que ocurre es sencillo. Sí, alcanzarás los 600.000 € en 17,1 años. Lo que pasa es que para entonces esos 600.000 € comprarán lo que hoy compran 393.621 €. Con eso, al 4 %, no vives con 2.000 € al mes de los de hoy: vives con unos 1.312 €. El número llega puntual; el poder adquisitivo no.
Hay dos formas de arreglarlo y las dos valen. O proyectas con la rentabilidad real y dejas el objetivo en euros de hoy, o proyectas con la nominal y subes el objetivo por la inflación año a año. Esta calculadora hace la primera, porque es la que da un número que puedes interpretar sin traducir nada: «22,0 años, y entonces viviré como si hoy gastara 2.000 € al mes».
Una precisión, porque el matiz importa: esto vale mientras haya inflación. Si la inflación fuera cero, las dos lecturas darían el mismo número, porque el euro nominal y el euro real serían el mismo euro. Y con deflación pasaría lo contrario, y la lectura en euros de hoy llegaría antes. Puedes comprobarlo poniendo un 0 o un número negativo en el campo de inflación: la nota del gráfico cambia y lo dice.
Qué no tiene en cuenta este cálculo
Tres cosas importantes que esta cuenta no ve. Conviene saber en qué dirección falla cada una, porque no fallan igual.
Los impuestos al rescatar
Cuando vendas participaciones para vivir de ellas, la plusvalía tributa en el ahorro. No pagas por todo lo que retiras, solo por la parte que es ganancia, pero pagas. Si tus 600.000 € llevan dentro una plusvalía considerable, para gastar 2.000 € limpios al mes tendrás que vender algo más de 2.000 €. Esta calculadora razona en bruto.
La secuencia de rentabilidades
Un 7 % de media no es un 7 % todos los años, y el orden importa muchísimo cuando ya estás retirando. Dos carteras con la misma rentabilidad media durante treinta años terminan en sitios muy distintos según cuándo lleguen los años malos: si el desplome cae al principio de la retirada, estás vendiendo barato para comer y el capital no se recupera igual; si los buenos llegan primero, te sobra dinero. A diferencia de los impuestos, esto no empuja siempre en la misma dirección. Por eso lo que cuenta no es la media sino el margen que te dejes. Del 7 % nominal al 4,39 % real se lo lleva la inflación, y el trecho que queda de ahí al 4 % es precisamente ese margen.
Que tu gasto no es una línea recta
Aquí el gasto es constante en términos reales durante toda la proyección, y en una vida real no lo es. Hay hipotecas que se acaban, hijos que dejan de costar o empiezan a costar, y una etapa final con más gasto sanitario. Tampoco entra nada de lo que puedas cobrar por otro lado: una pensión pública, un alquiler o una herencia cambian el número, y ninguno de los tres está en esta cuenta.
Por todo eso, esto es un orden de magnitud y una dirección, no una fecha en el calendario. Sirve para lo que sirven estas cuentas: para saber si estás a diez años o a treinta, y para ver cuánto mueve la aguja cada palanca que tienes. Si quieres empezar por el otro extremo —cuánto te queda de tu sueldo cada mes, que es de donde sale el ahorro de esta página—, ahí está la calculadora de sueldo neto. Y si ese ahorro todavía va a pagar una deuda cara, esa es la palanca antes que esta: lo que cuesta está en la calculadora del coste real de una deuda. Y si quieres mirar solo la bola de nieve —cuánto de ese patrimonio lo pones tú y cuánto el tiempo—, la calculadora de interés compuesto. El supuesto de rentabilidad que has puesto arriba no tiene por qué ser un número redondo sacado de ninguna parte: la calculadora de rentabilidad real calcula el que lleva teniendo tu cartera. Si lo que te falta es la foto de lo que ya tienes, la contamos en por qué controlar tu patrimonio y no solo tus gastos.