La cuenta que hace todo el mundo no es una rentabilidad
Alguien aporta 200 € al mes durante cinco años. Ha metido 12.000 € y hoy tiene 15.000 €. La cuenta sale sola: quince entre doce, menos uno, un 25 %. Y suena estupendo.
Ese 25 % no es una rentabilidad. Es la ganancia total, y no lleva ninguna unidad de tiempo pegada. Mete en el mismo saco los 200 € que entraron hace cinco años —que han tenido sesenta meses para trabajar— con los 200 € que entraron el mes pasado, que no han tenido tiempo de nada. Tu dinero no lleva cinco años invertido: lleva, de media, treinta meses y medio.
La rentabilidad de verdad de ese caso es un 8,86 % anual. La cuenta fácil exagera casi tres veces. Y hay una forma rápida de ver que ese 25 % no puede ser una tasa: si tu dinero hubiera rendido de verdad un 25 % al año, con esas mismas aportaciones hoy tendrías 22.273 €, no 15.000.
Lo peor no es que exagere, es que no exagera siempre. Como mide la ganancia sobre la antigüedad media del dinero, por debajo de dos años se queda corta: con 200 € al mes durante un año a un 7 % real, la cuenta fácil dice un 3,75 %. Por encima de dos años se pasa, y cuanto más largo es el plazo, más. No es un número con un sesgo que se pueda corregir de cabeza. Es un número que no mide lo que dice medir.
Qué es la TIR, explicada sin fórmulas
Es la rentabilidad que, aplicada a cada euro desde el día exacto en que entró, deja exactamente el valor que tienes hoy. Ni un euro más ni uno menos.
Con los datos del ejemplo: a un 8,86 % anual, los 200 € que metiste hace cinco años son hoy 305,69 €, y los 200 € que metiste el mes pasado son 201,42 €. Suma los sesenta recibos, cada uno crecido desde su propia fecha, y el resultado son 15.000 € clavados. El gráfico de arriba dibuja exactamente esa suma, y por eso las columnas cuadran con el valor de tu cartera.
Se llama tasa interna de retorno, o TIR, y tiene una incomodidad que explica por qué no la verás en muchas calculadoras: no se despeja. Casi todo lo demás en finanzas personales tiene una fórmula que cabe en una línea; esto es la raíz de un polinomio con un término por cada aportación, y solo se puede encontrar probando. Esta página la busca por tanteo, en tu navegador, en unas milésimas de segundo.
Por qué esto importa al comparar
Aquí está la parte que casi nadie tiene en cuenta: el dato de rentabilidad que publica un fondo no es tu rentabilidad.
El fondo publica lo que ha rendido un euro que estuviera dentro todo el periodo. Tú no tienes un euro dentro cinco años: tienes sesenta euros con sesenta antigüedades distintas. Las dos cifras coinciden solo si el fondo ha rendido lo mismo todos los años. En cuanto no lo hace —y nunca lo hace—, se separan.
Un ejemplo con dos años y números redondos. Un fondo sube un 30 % el primer año y baja un 10 % el segundo. Tú aportas 1.000 € al principio de cada año. Acabas con 2.070 € y tu rentabilidad es un 2,32 %.
Ahora el mismo fondo y los mismos dos años, en el orden contrario: primero el −10 % y después el +30 %. El fondo publica exactamente lo mismo en los dos casos, un 8,17 % anual, porque para él los años se multiplican y el orden da igual. Pero tú acabas con 2.470 € y tu rentabilidad es un 14,92 %.
Mismo fondo, mismas aportaciones, misma cifra en el folleto, y tu resultado va del 2,32 % al 14,92 % solo por el orden en que llegaron los años. La diferencia es tuya, no del fondo: cuando sube fuerte al principio apenas tenías dinero dentro para aprovecharlo; cuando sube al final lo aprovecha todo tu patrimonio. Es el mismo motivo por el que un mal año duele mucho más a los cincuenta que a los veinticinco.
Así que comparar tu cartera con un índice mirando el porcentaje del folleto no dice gran cosa. Lo que se compara es la TIR, y aun así conviene saber qué mide cada una: la del fondo es cómo lo ha hecho el gestor, la tuya incluye además tus decisiones sobre cuándo meter el dinero.
Qué no tiene en cuenta este cálculo
Las comisiones, o sí o no, según de dónde saques el valor. Si el valor actual que has escrito es el de tu posición en un fondo, las comisiones de gestión ya están descontadas y la rentabilidad que sale aquí es neta de ellas. Si es una cartera que has valorado tú sumando precios de mercado, no lo están. Y las de compraventa y custodia, las que el bróker te cobra aparte, no están nunca: si quieres verlas, mételas como aportaciones en el modo de cantidades irregulares.
Los impuestos. La cifra es bruta. Mientras no vendas no tributas, pero el día que vendas la plusvalía va a la base del ahorro y lo que te queda limpio es menos. Cuánto menos depende de cuándo vendas y de cuánto vendas de golpe, así que no hay una resta que valga para todos.
Los dividendos y los cupones, si los cobras aparte. Si se reinvierten dentro del fondo ya están en el valor actual y la cuenta es correcta. Si te los ingresan en la cuenta corriente, ese dinero ha salido de la cartera y no aparece por ningún lado: mételos como aportaciones negativas en el modo de cantidades irregulares, o la rentabilidad saldrá más baja de la que ha sido.
Y sobre todo, que una TIR pasada no dice nada de la futura. Es una medida de lo que ya ha ocurrido, calculada sobre un periodo que terminó y con unas fechas de aportación que fueron las tuyas y no volverán a repetirse. Sirve para saber dónde estás, que no es poco, y no sirve para saber a dónde vas.
Para elegir con qué rentabilidad proyectar hacia adelante, la calculadora de interés compuesto; para saber si con esta cifra llegas a vivir de tus rentas, la calculadora para vivir de rentas; y si estás decidiendo entre invertir o amortizar, la calculadora de amortizar hipoteca calcula la rentabilidad que tendrías que batir, que es justo la que acabas de medir.